lunes, 17 de marzo de 2008

Abc

Trasladándonos en el mismo autobús, en la misma dirección pero un destino distinto, el hombre de traje y corbata iba perdido en rescatar los detalles.
Primero era fundamental acomodar ese nudo... tan metódicamente armado. Luego, quitar una pelusa del hombro y preguntarse de que nube habría caido.
Yo lo observaba disimuladamente hasta que en un momento dado no podía creer lo que mis ojos estaban viendo; el hombre de traje comenzó a rascar lentamente detrás de su oreja izquierda. Asi fue que el índice de su mano izquierda conjuntamente con su pulgar, comenzó a desprender un tendal de pensamientos mezclados con colores y simbolos extraños... El hombre tiraba y tiraba de ese piolín y el autobús comenzaba a transformarse en un depósito de frases plasmadas en una paleta de Dalí. La gente comenzó a confundierse con todo eso y yo que no podía dejar de mirar lo que estaba sucediendo. Cómo era posible que aquel hombre portara tanto pensamiento junto? y asi no quedaba mas espacio y lo más increible era que la gente, con las letras, los colores y el piolín, comenzaban a ser expulsados por las ventanillas porque ya no cabía más nada dentro de ese vehículo. Yo logré treparme de una "Y" y como si fuera un zancudo comencé a saltar por la Avenida Córdoba y tirárme sin más, a un costado para que los autos no me aplastaran contra el asfalto. Una vez calmado, vi como ese colectivo se perdía en el horizonte de antenas, mientras de mi boca escupía un pedacito de tela color naranja con una diminuta letrita "A".

lunes, 3 de marzo de 2008

Fragmentado



Que frío hacia en la sala, y tanta blancura, tanta luminosidad.

La mujer estaba tendida en la camilla gritando, sudando, pariendo.

Yo, lo veía venir. Su cabecita asomaba de un modo forzoso.

Sin embargo no costó tanto, pero esa imagen....

Dividido en dos el niño yacía en la base metálica, sin llanto.

De pies a cabeza totalmente dividido, algo inexplicable.

La madre preocupada, reclamaba un diagnostico favorable.

Sin certeza aludí, todo esta bien... quédese tranquila, solo hay que cocer.

Era unir ese cuerpo fragmentado, pero con vida. Justamente era eso, vida.

Sin reparos saque de mi bolsillo el ovillo, y fue justamente este que se perdió....

Se fue por el parque, perdiéndose y fundiéndose con el lodo, con lo verde, con las hojas...

Y la infección presente, y la desesperación por no poder unir.

Que imposible, que tragedia....